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He tenido una compañera de trabajo muy simpática, muy guapa y muy buena persona que, desgraciadamente, nos abandona para mejorar profesionalmente.
Todos en la oficina nos alegramos mucho por ella, porque la decisión que a tomado le ilusiona y supone una mejora en su profesión. Pero también nos da bastante pena quedarnos sin ella, sin su compañía.
Cada uno se despidió de ella el pasado miércoles, que era su último día, a su manera y según lo sentía. En mi caso, se trata de una estupenda mujer que siempre ha estado dispuesta a ayudarme en asuntos personales gracias a sus conocimientos legales (pues es licenciada en derecho). Siempre dispuesta a echarme una mano, a escucharme para pedirle consejo... Siempre incluso no teniendo ni un minuto de tiempo que perder la mayoría de los días que ha estado con nosotros dado el volumen de trabajo que solía tener entre manos.
Los versos de a continuación, fueron mi manera de hacerle saber cómo la veía y explicarle por qué regalarle unas flores fue no sólo un regalo de despedida, sino también de agradecimiento:
Se nos va...
una de las compañeras más simpáticas
agradables,
con la que fuera un placer conversar.
Suerte de mujer atractiva,
encanto de belleza natural
lección al vestirse,
mostrando su buen gusto
y elegancia original.
Placer
en el aroma de un perfume
cuya estela, al pasar
nos hacía olvidar, al menos por instantes
la oficina,
también con sus olores
mas de agrado desigual.
Se nos va,
la que regalaba estímulos a todos
a los ojos
al olfato
y a mis oídos en particular
al decir:
"para un compañero siempre hay tiempo"
siempre
siempre que la he necesitado
y aunque tiempo,
no tuviera en realidad.
Belén: siempre estuviste "ahí".
Gracias:
por haber pasado por aquí.
(Te recordaré siempre. Mucha suerte siempre donde vayas.)


Categories: Mi rincón literario.
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